Entre dos sueños: USA o Colombia
Durante muchos años, escuché hablar del «sueño americano» como la meta máxima para quienes anhelaban progreso y éxito. Desde pequeño, esa idea estuvo cerca de mí. Estudié en el Colegio San Carlos, una institución manejada por padres benedictinos norteamericanos. Cada conversación, cada clase, cada historia parecía confirmar que la tierra de las oportunidades estaba más allá de nuestras fronteras.
Cuando terminé el bachillerato, mis padres me premiaron con un viaje a Nueva York. Fue una experiencia transformadora: ver las ciudades que había soñado solo en películas y revistas. Así, el sueño americano se instaló en mi mente: ¿Qué podría lograr si me atrevía a buscar mi destino allá?
En esa época soñaba con ser arquitecto. Comencé estudiando ingeniería, pero mi verdadera pasión era el diseño y la construcción. Sin embargo, otra convicción crecía en mí: quería ser empresario en Colombia.
Tomar la decisión: Apostarle al país
Tomé entonces una de las decisiones más importantes de mi vida: apostarle a Colombia. Con apenas 21 años, recién casado, decidí que no emigraría. Mi esposa, profundamente enamorada de nuestro país, también quería crecer aquí, profesional y personalmente.
Sabía que el camino no sería fácil. No tenía garantías, pero sí fe. Fundé mi primera empresa de construcción con mucha ilusión, una firme determinación y un profundo amor por Colombia.
Durante años trabajamos duro. Crecimos, enfrentamos dificultades, pero nos mantuvimos firmes… hasta que llegó el año 2000.
Crisis y tentación: El regreso del sueño americano
El año 2000 fue devastador. El sector de la construcción en Colombia colapsó y mi empresa, Sistema 4, desapareció. Tuve que liquidar todo el personal, cerrar operaciones y aceptar que todo el esfuerzo parecía perdido.
En ese momento, volví a considerar seriamente la idea de emigrar. Viajé constantemente a Miami durante un año y medio, buscando oportunidades. Fundé una pequeña empresa, pero enfrenté enormes retos. No tenía redes de apoyo (amistades, universidad, conexiones profesionales), no contaba con capital suficiente y no podía llevarme fácilmente a mi familia.
Finalmente, comprendí que, por más atractiva que fuera la oportunidad, mi lugar estaba en Colombia.
Renacer en Colombia: Empezar desde cero
En 2003, con la tímida recuperación del sector, decidí volver a empezar. Fundé una nueva compañía, comenzando literalmente de cero: sin capital propio, sin compañía de construcción, solo con experiencia, amigos y mucha determinación.
Nuestro primer proyecto fue convertir cuatro casas en un edificio. Negociamos, diseñamos y, finalmente, construimos. Contra todo pronóstico, el proyecto fue exitoso, marcando el renacimiento de mi carrera empresarial.
Hoy, veinte años después, nuestra empresa:
- Cuenta con un equipo interdisciplinario robusto
- Emplea a más de 3.000 personas en obra
- Se proyecta para los próximos 10 años con grandes desarrollos
El verdadero sueño: Colombia como oportunidad
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que irme a Estados Unidos habría significado enfrentar otros desafíos, quizás obtener logros, pero también haber perdido algo invaluable: el orgullo de construir en mi tierra, de generar empleo aquí, de aportar al desarrollo de mi país.
Hoy, más convencido que nunca, sigo apostándole a Colombia. Seguimos planeando proyectos a largo plazo, creyendo en nuestro talento local, en nuestra capacidad de soñar y de hacer realidad esos sueños. No me arrepiento ni un solo día de haber creído en el sueño colombiano.
Conclusión: Cultivar los sueños en nuestra propia tierra
Porque sí, después de todo, entendí que hay sueños que no necesitan pasaporte ni nuevos idiomas. Hay sueños que florecen donde nacimos, si tenemos el coraje de cultivarlos.
Hoy más que nunca, estoy convencido de que:
- Colombia es una tierra de oportunidades
- El éxito no siempre requiere emigrar
- El sueño colombiano también es grande
Y no me arrepiento ni un solo día de haber creído, trabajado y persistido en mi propio sueño colombiano.





