En la última década, el mercado inmobiliario colombiano ha experimentado un fenómeno que está transformando la forma en que se concibe la inversión en vivienda: el auge de las propiedades para renta corta, impulsadas por plataformas como Airbnb, Booking y similares. Este modelo, que conecta a propietarios con viajeros para estadías de pocos días o semanas, ha crecido de manera acelerada en ciudades turísticas y de negocios, generando tanto oportunidades como retos para el sector.
Según datos de la consultora AirDNA, especializada en analizar el mercado de alquileres de corta duración, en 2024 Colombia registró más de 78.000 anuncios activos en plataformas de este tipo, con un crecimiento anual del 14%. Ciudades como Medellín, Bogotá y Cartagena lideran la oferta, pero también han crecido mercados emergentes como Santa Marta, Pereira y Armenia.
Este fenómeno responde a varios factores: el auge del turismo internacional tras la pandemia, la digitalización de reservas y pagos, y el atractivo de obtener rentabilidades más altas que en los arriendos tradicionales. Mientras un arrendamiento de largo plazo en zonas urbanas clave puede ofrecer retornos del 5% al 7% anual, la renta corta bien gestionada puede alcanzar entre un 10% y un 15%, según un estudio de la Universidad EAFIT (2023).
Beneficios para inversionistas y turistas
Las propiedades para renta corta ofrecen ventajas tanto para quienes las administran como para quienes las usan:
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- Mayor rentabilidad potencial en comparación con contratos tradicionales, especialmente en temporadas altas o eventos especiales.
- Flexibilidad para el propietario, que puede bloquear fechas para uso personal y ajustar precios según la demanda.
- Experiencia personalizada para los huéspedes, que pueden elegir alojamientos con estilos, ubicaciones y servicios específicos.
- Impulso a economías locales, ya que los turistas suelen gastar en restaurantes, transporte y actividades cercanas al alojamiento.
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En el caso de Medellín, por ejemplo, la llegada de nómadas digitales ha impulsado un segmento de propiedades de alto diseño y dotadas con internet de alta velocidad, escritorios ergonómicos y espacios comunes para trabajo remoto, lo que ha elevado la tarifa promedio por noche.
Retos y críticas al modelo
A pesar de sus ventajas, el boom de la renta corta también ha generado preocupaciones en varias ciudades:
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- Impacto en el precio de la vivienda y en la disponibilidad de arriendos para residentes permanentes, debido a que algunos propietarios priorizan el mercado turístico.
- Conflictos con la normatividad, pues no todas las ciudades tienen reglamentos claros sobre licencias, impuestos y uso de suelos para este tipo de alquiler.
- Quejas de vecinos por ruido, fiestas o uso intensivo de zonas comunes en edificios residenciales.
- Alta competencia, que obliga a los anfitriones a diferenciarse con servicios y experiencias adicionales para mantener la ocupación.
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En 2023, Bogotá aprobó un decreto que regula las viviendas turísticas en propiedad horizontal, exigiendo que las copropiedades aprueben explícitamente este uso y que se cumpla con el pago de impuestos locales como el de industria y comercio. Cartagena y Medellín también han comenzado a implementar medidas similares.
Perspectivas para los próximos años
Todo indica que el mercado seguirá creciendo, aunque con mayor regulación. Según un informe de Colliers International, para 2026 se espera que el número de unidades disponibles para renta corta en Colombia supere las 100.000, pero con un modelo más profesionalizado y alineado a la normativa. Esto incluirá la formalización de operadores especializados y un mayor control fiscal por parte de las autoridades.
Para los inversionistas, la clave estará en combinar buena ubicación, diseño atractivo y gestión eficiente. Para las ciudades, el reto será encontrar un equilibrio que permita aprovechar el potencial económico del turismo sin afectar la vivienda de los residentes.
En definitiva, el boom de la renta corta tipo Airbnb no es una moda pasajera, sino una transformación profunda del mercado inmobiliario. Su consolidación dependerá de cómo se armonicen los intereses de propietarios, usuarios y autoridades, y de la capacidad de adaptarse a un entorno en el que la hospitalidad y la vivienda tradicional se cruzan cada vez más.






