Ventajas y riesgos de arrendar amoblado

El arrendamiento amoblado se ha vuelto cada vez más común en ciudades con alta movilidad laboral y académica, así como en zonas turísticas. Este tipo de contrato implica que el inmueble se entrega con muebles, electrodomésticos y, en algunos casos, menaje básico listo para habitar.

De acuerdo con un estudio de la Universidad EAFIT (2022), en el mercado de arriendos de Bogotá, Cartagena y Medellín, los inmuebles amoblados pueden costar entre un 20% y un 30% más que los no amoblados, especialmente cuando se alquilan por períodos cortos o bajo la modalidad de vivienda turística. Sin embargo, este beneficio económico viene acompañado de retos y riesgos que el arrendador y el arrendatario deben considerar.

Ventajas del arriendo amoblado

Arrendar un inmueble amoblado ofrece una serie de beneficios prácticos y económicos, tanto para el propietario como para el inquilino:

    • Posibilidad de cobrar un canon más alto, especialmente en zonas de alta demanda temporal como sectores empresariales o turísticos.
    • Mayor atractivo para estudiantes, expatriados o trabajadores en misión, que buscan soluciones habitacionales listas para habitar.
    • Flexibilidad en los contratos, ya que suelen pactarse por períodos cortos, lo que permite ajustar el precio a las condiciones del mercado.
    • Potencial de deducir parte de los gastos de mantenimiento y renovación del mobiliario en la declaración de renta, según el régimen tributario aplicable.

Riesgos y desventajas

Aunque las ventajas son atractivas, también existen aspectos que pueden jugar en contra de esta modalidad:

    • Un apartamento amoblado tiene sentido para cortas estadías pues el inquilino no opinará sobre el estilo de la decoración. En arriendos a largo plazo normalmente el inquilino tiene varios muebles que quiere incorporar en la decoración lo que obliga a retirar mobiliario inicial y llevarlo a mini depósitos con el costo que eso implica.
    • Habrá un desgaste y deterioro acelerado del mobiliario, lo que implica una inversión constante en reparaciones y/o reemplazos.
    • Existe una dificultad mayor al tratar de conseguir seguros del mobiliario cuando se sabe que éste estará destinado a arriendos de corta estancia. Esto incrementa el riesgo de daños no cubiertos por seguros convencionales.
    • Dificultad para encontrar arrendatarios responsables dispuestos a asumir el cuidado del mobiliario y los electrodomésticos.
    • Mayor rotación de inquilinos, lo que implica más tiempo y dinero invertido en la búsqueda de nuevos ocupantes.

Aspectos legales y contractuales

En Colombia, la Ley 820 de 2003 regula el arrendamiento de vivienda urbana, pero no establece un régimen especial para el arriendo amoblado. Por eso, es recomendable que el contrato incluya un inventario detallado de todos los bienes, su estado y valor aproximado, así como cláusulas específicas sobre reparación y reposición.
Estudios de la Universidad del Rosario indican que más del 60% de los conflictos en arrendamientos amoblados surgen por desacuerdos sobre daños y reposición de bienes, especialmente cuando no hay un inventario firmado por ambas partes.
En definitiva, arrendar un inmueble amoblado puede ser una estrategia rentable y conveniente, siempre que se maneje la selección del inquilino con precaución, se formalice por escrito adecuadamente y se prevea un ahorro programado para cubrir el desgaste natural del mobiliario como parte de la inversión.